VIGO, ADIÓS A LA LUZ DE LAS ESTRELLAS

Cualquiera que pretenda observar la luz de las estrellas en la ciudad de Vigo, lo tiene cada vez más difícil. De nada ha servido la “Declaración institucional del Parlamento de Galicia en defensa del cielo nocturno”, en la cual el Parlamento de Galicia asume en su integridad la Declaración sobre la defensa del cielo nocturno y el derecho a la luz de las estrellas (Declaración de La Palma, 2007) y de manera explícita recoge algunas de sus ideas fundamentales, en particular los siguientes puntos:

1. El derecho a un cielo nocturno no contaminado que permita gozar de la contemplación del firmamento debe considerarse un derecho inalienable de la Humanidad, equiparable al resto de los derechos ambientales, sociales y culturales.

2. Es imprescindible el control de la contaminación luminosa en todo el territorio gallego dado el impacto que genera sobre muchas especies, hábitats, ecosistemas y paisajes. Deberá promoverse y exigirse el uso racional de la iluminación artificial para minimizar el resplandor que provoca en el cielo y evitar la nociva intrusión de luz sobre los ser humanos y el medio natural.

Las luchas interminables entre nuestros representantes políticos, a ver quién brilla más, nos han llevado a una situación en la cual, en esta ciudad, la oscuridad de la noche terminará por desaparecer, cediendo lugar a la luminosidad de la noche, que rivalizará con la del día, haciendo imposible la observación de las estrellas. Dormir bajo la luz de las estrellas ya no es posible, porque su brillo palidece hasta su extinción. Deberemos permanecer en una vigilia constante y artificial, quizá para goce de los astronautas, que observan como entre todas las ciudades que hacen caso omiso a las recomendaciones, que el mismo Parlamento de Galicia asume, la ciudad, y la Ría de Vigo, destacan entre todas.

En tiempos ya lejanos, la luminosidad del día era precedida, al amanecer, por la luminosidad de los tres crepúsculos matutinos, el astronómico, de una pálida claridad, el del navegante, un poco más claro, y el civil, todavía más claro, y seguida, al anochecer por los tres crepúsculos vespertinos, el civil, más claro, el del navegante, un poco menos claro, y por tanto más oscuro, y el astronómico, todavía menos claro, y más oscuro. Estos, hoy día, inservibles eventos astronómicos, han pasado al rincón de los trastos viejos, apagados sus resplandores por la brillante luminosidad artificial de los leds.

Esto es lo que preferimos, la desaparición de las luminosidades y brillos naturales, con la consiguiente simplificación de la secuencia de unos hechos astronómicos que todos entendían, peor ahora, que no todos entendemos y que quedan reducidos a dos:

  • La luz del día, que emana del sol, contra la que nadie osa enfrentarse por su inmenso poder.
  • La luz de la noche, débil, y que se desvanece a fuerza de luminarias.

Desde la Asociación Astronómica de Vigo, que solemos acompañar a diversos colectivos en la observación de la luna, los planetas, las estrellas y otras pálidas luces que se pueden observar en el firmamento nocturno, hacemos una llamada a la reflexión sobre este tema, no viendo necesario el emitir vanamente megawatios de potencia luminosa perdidos hacia el espacio, cuando la iluminación urbana, teniendo sus efectos positivos, también los tiene negativos, y que hay que mitigar, o al menos tenerlos en cierta consideración.

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